“El perfil metálico genera una separación de unos 5 cm de la pared, de modo que crea un juego de sombras entre la pared y el espejo. Y es aquí donde nace la complejidad del diseño, donde la luz y el reflejo del cristal se superponen a la sombra del marco, creando un juego de refracciones único que transforma el cristal de un simple elemento bidimensional en un verdadero objeto escultórico”.