Una nueva luz para el comedor
Luz que decora, que sorprende, que ilumina vacíos y volúmenes y que, en definitiva, crea y moldea la identidad de un ambiente. Diseñar la iluminación de un espacio es una cuestión de diseño: así lo revelan, por ejemplo, las expresiones más comunes. «Poner bajo una buena luz», en el sentido de poner en valor una característica no necesariamente evidente, o bien: «encontrar la luz adecuada», es decir, el punto de vista correcto para interpretar los hechos, para decodificar un espacio. O incluso: «arrojar luz», con la intención de aportar claridad sobre cada detalle. Por tanto, la luz hace emerger, afirma, aumenta o modifica la percepción. Y, sobre todo, dialoga. Con las superficies, ante todo, porque la luz reflejada nos cuenta lo que ha encontrado: una superficie transparente, coloreada, opaca, reflectante, lisa, rugosa, impalpable. La luz no solo activa la vista, sino también el tacto: la luz es un detonante de los sentidos y da voz incluso a las superficies que, de otro modo, serían inertes. Es en este juego de diálogos, reflejos, rebotes y referencias donde se sumerge el Mood Moderno Deciso con sus tres protagonistas: luz, sensaciones táctiles y acogida.
Dejemos que los respectivos diseñadores nos cuenten a través de tres productos, que son tres componentes significativos del Mood, cómo estos se relacionan en el ambiente que contribuyen a crear.
