El aparador: el contenedor protagonista

Un elemento de mobiliario que adquiere valor no solo por su belleza objetiva, sino también por sus funciones de almacenamiento.

Objetos, valiosos o de uso común, que no quieren ser ostentados, pero requieren una custodia discreta. Un contenedor que recubre de belleza y orden lo servido, la miscelánea de utensilios, las copas que sacar cuando sea necesario.

Cada aparador tiene su propia forma de ser un «estuche», su propia estrategia para contener con discreción y atraer la mirada hacia el contenedor en lugar de indagar en el contenido.

El aparador Echo replica, por ejemplo, el valioso motivo geométrico de las vitrinas, pero sobre un vidrio de fusión opaco, enmarcado por una estructura de madera lacada.

La pintura posterior confiere al vidrio impreso por fusión o liso un acabado metálico que según los casos refracta o refleja el contexto circundante. Nunca transparenta, nunca alude al contenido, nunca concede más que la refracción de la luz externa. El decorado geométrico de las puertas fundidas, la perfecta planaridad reflectante de las lisas alejan la mirada y la distraen del contenido que se custodia en el interior.

Los procesos de fabricación altamente innovadores permiten imprimir en las puertas decorados complejos y repetidos, que transforman la superficie volviéndola tridimensional. Un aparador de carácter elegante, valioso, que genera un fuerte sentido de ilusión mediante el uso de formas inéditas.

Plana detiene la mirada en la materialidad de una puerta que —gracias al grabado al ácido del vidrio— simula esencias diversas.

El vidrio curvado de las puertas de Plana, que primero se graba al ácido y luego se pinta por detrás, pasa de los tonos del marrón nuboso a los del latón bruñido y del plomo satinado, a los que se combinan encimeras de vidrio extraclaro pintadas por detrás en gris tormenta, gris oliva y marrón grey.

Plana es un volumen de líneas clásicas y modernistas al mismo tiempo, conjuga actitudes y reminiscencias de alta clase, declina el vidrio de manera inesperada, sorprendente, casi transformándolo en cuero, mortero, metales o maderas valiosas. Y en esto, contribuye a distraer la mirada del observador y a custodiar el contenido bien detrás de sus puertas.

¿Y no es, al fin y al cabo, este el papel del aparador?

El antiguo contenedor que acogía y ocultaba la masa madre y los instrumentos de panificación detrás de las formas de la credenza siempre ha sido custodio discreto, que revelaba su contenido y su función real solo en momentos precisos.

El aparador moderno, también hoy custodia sin ostentar. Además intenta distraer la mirada y desplazar la atención del contenido al contenedor, que adopta formas eclécticas y fascinantes. Y con las emociones que regala el vidrio aplaca cualquier otra curiosidad. La mirada queda satisfecha así. Ya no hay necesidad de indagar qué hay detrás de las puertas.

Plana detiene la mirada en la materialidad de una puerta que —gracias al grabado al ácido del vidrio— simula esencias diversas.

El vidrio curvado de las puertas de Plana, que primero se graba al ácido y luego se pinta por detrás, pasa de los tonos del marrón nuboso a los del latón bruñido y del plomo satinado, a los que se combinan encimeras de vidrio extraclaro pintadas por detrás en gris tormenta, gris oliva y marrón grey.

Plana es un volumen de líneas clásicas y modernistas al mismo tiempo, conjuga actitudes y reminiscencias de alta clase, declina el vidrio de manera inesperada, sorprendente, casi transformándolo en cuero, mortero, metales o maderas valiosas. Y en esto, contribuye a distraer la mirada del observador y a custodiar el contenido bien detrás de sus puertas.

¿Y no es, al fin y al cabo, este el papel del aparador?

El antiguo contenedor que acogía y ocultaba la masa madre y los instrumentos de panificación detrás de las formas de la credenza siempre ha sido custodio discreto, que revelaba su contenido y su función real solo en momentos precisos.

El aparador moderno, también hoy custodia sin ostentar. Además intenta distraer la mirada y desplazar la atención del contenido al contenedor, que adopta formas eclécticas y fascinantes. Y con las emociones que regala el vidrio aplaca cualquier otra curiosidad. La mirada queda satisfecha así. Ya no hay necesidad de indagar qué hay detrás de las puertas.